La humilde es la trampa de la adulación y el autosabotaje
Un terreno tabú, oscuro donde no llega el sol, como el sexo de las monjas.
La humildad es un mito. Te pide que asumas la humillación, te alegres, la compartas y la goces.
Complacencia de la opresión voluntaria. Analicemos: su definición nace por vía negativa desde su contrario: la arrogancia.
¿Qué es la arrogancia? Atribuirse, adjudicarse: arrogarSe. La arrogancia es el hábito de arrogar para si mismo.
Al volverse hábito, lo que se logra palidece con lo que se predica: hay una distancia entre las palabras y los hechos que vuelven al arrogante un incómodo entre sus pares.
Es un fallo en la estrategia social: sea justificado o no lo que se ufane, te destruye el prestigio: porque si quién sea te supera por poco, tu reputación puede ser destruida; porque ante el resto cualquier honor por grande que sea, se vuelve pequeño cuando lo reiteras.
Entonces, por tropiezo, surge la humildad.
La humildad es un juego doble: te devuelve al resto de la comunidad y te atrapa para que no sobresalgas. De su raíz latina, humildad es Humus: tierra. Ser humilde es adoptar el humus, postrarse ante la tierra (que es el contrario del cielo: lo divino, los dioses, lo más allá de lo alcanzable).
Quienes recibían la gracia de los dioses, cabizbajos, aceptaban sus limitaciones y se inclinaban, se arrodillan (se humillan: una variación del Humus: el Humiliare).
El Humiliare se recibe por contacto de lo divino (lo superior) por dos formas: La rendicón por tregua de tus limitaciones (humildad) o por derrota (la humillación). Pero en las dos la constante es la misma: hay una confrontación.
El arrogante tarde o temprano se tropezará y caerá en la tierra (el Humus). Eso no significa que no se levante, que quede atrapado entre sus pares, aunque a veces eso parece ser lo que pide la humildad: jamás te arrogues nada porque te convertirás en farsante.
Que es lo mismo: jamás realices una empresa porque se te subirán los humos (¿humus?), mejor quédate como estás: humilde. Pero sería confundir la humildad con un valor o una virtud cuando solo es un tropiezo: un mecanismo social regulatorio.
Recuerda: la humildad es resultado de una lucha de arrogarte para ti.
Pero ¿Qué eso que te atribuyes? Tus logros: no lo que mereces sino lo que ganas. La reafirmación de la fuerza de tu individualidad. De ahí que es un error hacer de la humildad un principio pues frena cualquier intento de superar lo -hasta ese momento- inalcanzable.
Pero es precisamente lo que pasa: en México la máxima virtud es ser humilde. Se ha vuelto un adjetivo defensivo, de superioridad moral, de resguardo y sobre todo, intocable.
Es el principio que sostiene todo: los valores católicos, el autoritarismo, el machismo. Ser humilde es socavar cualquier intento de autorrealización. Al no dar salida a la fuerza individual, la eclosión se trunca, se merma el autodesarrollo y surge la implosión. ¿Qué ocurre después? Se sonríe y se dice: pero soy humilde.
Las clases humildes son aquellas reprimidas que están en el escalón más bajo del bienestar: y se les llama humildes, porque además de todo, aceptan con orgullo su miseria.
La humildad es también condición para bendecir y aprobar un estilo de vida deplorable: por lo menos somos humildes. Ojo: la dignidad no está en haber luchado sino en aceptarse: aplaudir lo estático, envanecerse de la actitud pasiva.
Hasta aquí estás enojado. Atacar a la humildad es atacar a las clases desprotegidas, anular lo poco que tienen. Pero es necesario.
La humildad es el mecanismo represivo por excelencia.
¿Cómo es eso posible? Partamos definiendo la humildad mexicana de la misma forma que en principio: a través de la vía negativa.
La arrogancia no es una palabra que suene en la calle. Suena artificial: está claro que no está integrada al habla cotidiana. Su concepto -la intuición de una idea semejante- no es parte de la mentalidad (repertorio de códigos referenciales). Pero hay otra palabra (concepto) que la sustituye: la prepotencia.
La humildad teme ser prepotente, le huye. Tal vez porque son dos extremos de una misma idea, pero vamos por partes.
La prepotencia es una implosión emocional. Potencia: posible arranque de energía, más el prefijo Pre, sugiere un doble impedimento de mover energías: La Pre-Potencia es el estancamiento de las propias capacidades que degenera en implosión.
El Prepotente por excelencia: el burócrata de ventanilla. Está ocupado en sus propias broncas como para atenderte, no está enojado pero estalla en cualquier momento, no te atiende bien, parece estar en otro lado, si le molestas con que te atienda, lo distraes de aquel estado de frustración y te agrede.
Que si tiene mucho trabajo, que si no le han pagado, que el sindicato quiere un reunión, que si quiere ir a comer pero todavía no termina. No tiene control de su vida. Pero hay escalas. Entre mayor poder tengan sobre ti, mayor será su prepotencia: se descargan contigo. Aún en aquellos que no tengan jefe u obligaciones la prepotencia es constante.
¿Por qué en aquellos que han logrado tanto se muestran frustrados, prepotentes? Es aquí donde entra la diferencia esencial con la arrogancia: ellos no se han ganado lo que tienen: lo que tienen les ha sido otorgado. Sustituyen el ganar por el merecer.
Arrogancia es la actitud de arrogarse logros que reafirman la fuerza de la individualidad: genera satisfacción, autoestima y sobre todo, construye: se forja una personalidad y un estamento (lugar en la sociedad).
En México se anulan los esfuerzos, se atropellan las metas, se le "bajan los humos" al que atente u ose pensar para si mismo: que quiera crear algo desde y para si mismo, con sus propios recursos. El reconocimiento de las propias capacidades se ningunea desde el principio: "sé humilde", dicta el imperativo.
La aceptación se obtiene desde la sumisión. Ser aprobado (aceptado en un trabajo por pertenecer al sindicato o por tener amistad que te haga el "favor") es el medio de avance social. Nada de lo que tienes ha sido por ti: todos tus amigos te han ayudado, tú no has ganado nada, por eso tienes que ser sumiso y obediente, porque si te corren por quejarte no obtendrás nada por ti mismo: favor que te han hecho por darte este trabajo. Por favor, Sé humilde.
Pero hay prepotentes que, se lo ganado todo por si mismo: los narcos y los empresarios. Ellos tienen poder y gustan de abusar por él. ¿Es que han internalizado la frustración? No.
El narco sabe que lo que tiene lo tiene por chingarse (a sí mismo y a los demás) con las reglas de lo legal: no le pertenece, ha hecho trampa, y tiene que ostentar / demostrar que lo suyo es suyo aunque sabe que sin ayuda de lo chueco no hubiera sido quién es: tiene deudas imaginarias que lo atan con sus tretas.
El empresario raramente lo es por innovación. Lo que hacen es aprovechar los vacíos legales o concesiones por amigos, o aprovecharse y violar la ley para obtener lucro. Tampoco les pertenece en su totalidad lo que han logrado.
El auto-sabotaje es desestimarte: quedarte sin nada, más que con tu humildad (superioridad moral): Al no creerte capaz, tienes que jugar chueco contigo: recurres a caminos no éticos porque crees que es la única salidad (es decir: no confías en ti para hacer algo distinto): es cuando la posibilidad de ser Narco o Empresario Gandaya se vuelven posibilidades viables.
El prepotente y humilde son uno mismo en distintos momentos.
El humilde es aquel que es irresponsable consigo mismo. Prefiere aceptar su miseria como superioridad moral (ser bueno) a arriesgarse a destruir todo aquello que le da orgullo: dejar de ser humilde y empezar a hacerse responsable.
La humildad es la tentación que te dice: nadie es mejor que nadie, sobre todo tú. Puedes afirmar que no eres nadie para no luchar. Tal es el temor de confirmar tu fantasía de inutilidad.
Ser humilde: adularte no importando tu nivel de degradación.
Ser humilde: auto-sabotearte para que continuas igual.
Sé humilde: alégrate, humíllate y comparte el gozo de tu opresión voluntaria.